Cumbres borrascosas. Opiniones moderadas de un eterno clásico

¿Qué puedo decir de un libro del que tanto se ha hablado? Seguramente nada nuevo. Pero aquí están mis opiniones de todos modos.

Hace unos años comencé una misión: Leer tantos clásicos ingleses como fuera posible.

Como Jane Austen a esa altura era casi una vieja amiga, las hermanas Brontë parecían el paso lógico. Un poco después de leer Jane Eyre de Charlotte Brontë, comencé a leer Cumbres Borrascosas, de Emily Brontë. ¿La realidad? Tuve que abandonarla alrededor de la página 80. Me resultó insoportable.

No pude adentrarme en la historia. Ni siquiera recordaba de qué se trataba. Sólo sabía que involucraba climas inhóspitos, una casa lúgubre y personajes maleducados.

Hace uno o dos meses le di una segunda oportunidad. Hace mucho tiempo abandoné esa idea romántica de que leer clásicos te hace un mejor lector. Sin embargo, las novelas victorianas son una de mis debilidades. Y estaba ahí. Estaba en mi biblioteca, abandonada. Ya había asumido que nunca la iba a leer, pero en esta oportunidad me atrapó.

Asumí que era una historia de amor. No sé por qué, pero seguramente me dejé llevar por todas las novelas de Jane Austen que leí en mi vida. Sin embargo, Emily Brontë es mucho más compleja de lo que podría haber imaginado.

La trama sigue la relación entre la hija menor de una familia acaudalada de campo —Catherine— y el huérfano que su padre adoptó —Heathcliff. Su relación desencadena una serie de eventos que afectan a todos a su alrededor por más de una generación.

Ella se casa con un joven más decoroso y apropiado. Heathcliff se embarca en un viaje de venganza e intentos de probar su valía ante sí mismo y ante los causantes de todas sus desgracias. Sé que suena a historia de amor. Hasta yo me lo cuestiono mientras lo escribo, pero en realidad es la historia de una relación destructiva entre dos personas obsesionadas la una con la otra.

Cuando ella muere, él rompe el ataúd para ser enterrado a su lado, y que ambos puedan descomponerse juntos. Para que ambos puedan formar parte del mismo suelo, convertirse en un solo ser. Es una relación extraña, retorcida y fascinante, pero no es romántica

Pasa algo raro con esta novela. Y sé que más de uno lo ha pensado. Es difícil sentir empatía por alguno de los personajes. Hasta los dos personajes principales son difíciles de querer. Diría que nadie en su sano juicio podría quererlos, pero en el nombre de lo políticamente correcto, mejor no lo hago.

Ingenuos, vengativos y quejumbrosos. Uno espera encontrar al menos un aliado. Alguien a quien alentar. Pero no. No hay nada. Esta es una historia de gente horrible haciéndose cosas horribles unos a otros, y tal vez allí radica su encanto. La espera de la redención que nunca llega.

El realismo es el factor común en las novelas victorianas, que retratan la vida tal cual es, desde lo más eventual hasta lo más cotidiano. Cumbres Borrascosas se aparta de esta fórmula. Se aparta de una forma sutil pero significativa. Es realista, pero te hace sentir inseguro de lo que está pasando. Te hace sentir encerrado en el área de Cumbres Borrascosas y la Granja de los Tordos. Encerrado en una narrativa compleja, una historia que forma parte de un cuento que escucha atentamente uno de los personajes que a su vez nos los cuenta a nosotros.

Es un mundo que te engulle, como engulle a los personajes que nunca se van de allí. Incluso el final relativamente feliz se da orgánicamente. No hay grandes pasiones que den paso a una pasión avasallante, sino una aceptación silenciosa.

Cumbres borrascosas es un libro que parece atemorizante y pesado, pero puede ser un acompañante perfecto para un fin de semana de vacaciones. Es una historia de sufrimientos e infortunios evitables. Y aunque no sea de esos libros que te arrancan lágrimas y carcajadas, es uno que seguro que te lleva por un rato a un lugar totalmente distinto.

Si, tiene motivos de sobra para ser un clásico.

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