Gris opinión de las 50 sombras

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Pueblo Varieté estuvo presente en la avant premiere de una película basada en un libro que me fascinó por el efecto que causaba en sus lectores, pero me decepcionó tremendamente al leerlo. Un poco de masoquismo de mi parte, para ponerme a tono con la historia.

No voy a mentir; Las dos horas y media pasan rápido. Podría llegar a considerar esta película un entretenimiento para esos días en que sólo quiero despreocuparme y no analizar nada de lo que veo. Ahí está precisamente el problema de 50 sombras de Grey; no se puede analizar. Analizar la historia es salir perdiendo.

Hay momentos en que la historia parece estar pegada con cinta adhesiva para no desmoronarse. Los personajes son unidimensionales y —esto es netamente subjetivo—difíciles de querer. Lejos de erotizarnos y hacernos pensar en el amor, nos muestra que enamorarse es dejarse arrastrar por un ser que pretende controlar cada detalle de nuestra personalidad  y adaptarnos a cada capricho suyo. Básicamente; tu orgullo por un paseo en helicóptero.

¿Por qué digo que los personajes son difíciles de querer, cuando miles de personas alrededor del mundo enloquecen por ellos? Si bien la Ana Steele de la película tiene un vestigio de algo que parece ser una personalidad —A veces enfrenta a Christian y lo atormenta para conseguir la información que él se rehúsa a darle—, sigue siendo un contenedor vacío que lo único que hace es despeinarse y poner un símbolo de interrogación constante en su rostro.

Ana cae al piso y Christian la ayuda a levantarse. Se emborracha en un bar y él aparece, con capa y espada, para rescatarla de las malas decisiones y de las garras de su amigo —latino— que se intenta propasar. Visita a su madre y deja de responder los llamados del señor Amo, y ¡oh!, ¿quién creen que aparece de sorpresa en medio del almuerzo madre-hija? Una damisela en peligro constante y un millonario omnipresente y omnipotente. Realmente no sé cuál de los dos clichés es más irritante.

Christian tuvo un comienzo difícil en la vida. Tiene cicatrices en el pecho, y en el pecho.Christian debería hacer terapia. En vez de lidiar con los sentimientos de abandono y los traumas que tiene, Christian tiene relaciones de Amo/Sumisa con chicas sin carácter.

Ambos son víctimas de una atracción irrefrenable que no les permite alejarse el uno del otro. Por eso ella procede aunque sepa que la vida que él le ofrece no es para ella, y por eso él la persigue aunque sepa que ella necesita algo que él no es. O eso quieren que creamos. Estas sensaciones intensas surgen luego de un solo encuentro casual —porque los siguientes son orquestados por Grey—. Si la película que le sigue a esta imita a los libros, veremos que hubo intencionalidad en la persecución, y Christian no cayó rendido a los pies de Ana tras un par de miradas y palabras torpes, una idea muy poco creíble que esta primera entrega deja flotando en el aire.

De más está decir que mi valoración de la película no es positiva. Sin embargo, para una historia tan poco inspirada, tan llena de incongruencias, y que glorifica las relaciones de dominación; es mucho mejor perder dos horas mirándola, que leer un libro de 500 páginas de  redacción cuestionable.

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