Lolita y la pérdida total de la inocencia —Vladimir Nabokov

Lolita libro de Vladimir Nabokob

 

Leí esta novela hace unos cuantos años y no me cerró. Tenía por aquel entonces unos 14 años y una idea errada de que para ser una lectora consumada tenía que leer libros clásicos, aunque mi madurez emocional no me permitiera procesarlos. Si, me pasó más de una vez.Cita comienzo Lolita

Lolita fue publicada por primera vez en el año 1955 y es la novela más exitosa y reconocida de Vladimir Navokov. Este ruso nacido en San Petesburgo eligió escribir esta novela en inglés y situarla en Estados Unidos. Por eso, el lenguaje ornamentado y elocuente que utiliza se vuelve más impresionante. El dominio total de un idioma que no es el del autor y la excelencia de su prosa es una de las pocas cualidades innegables de una obra que por todo lo demás estuvo marcada por la controversia.

Humbert Humbert recuerda con una claridad enfermiza a su primer amor juvenil. Así, desarrolla una fascinación y consecuente atracción sexual por las nínfulas; niñas preadolescentes y sexualmente precoces que a sus ojos conservan la escencia de su amada.

Un psicópata dañado, y con fuertes tendencias pedófilicas, que cuando conoce a la nínfula de su vida, Dolores Haze, comienza a urdir los planes que cambiarán su vida y la de ella para siempre. Planifica, miente y conspira para controlarla. La intimida y la soborna para que mantenga relaciones sexuales con él diariamente. Hasta que logra escaparse a un futuro incierto para el lector hasta el final del libro. Es el momento en el que la trama cobra valor. Cuando las decisiones desesperadas se convierten en el motor que la lleva adelante.

La premisa de la novela inevitablemente suena a pornografía. Pero no hay ni una palabra obscena en la novela, que sin embargo rebosa de perversidad. Humbert Humbert —o mejor dicho, Navokov— no necesita darnos los detalles gráficos para que sepamos exactamente lo que sucede. Aquellos que busquen en Lolita el legado mainstream de la literatura erótica se sentirán profundamente decepcionados.

La historia está narrada en primera persona desde la perspectiva de Humbert. La única versión de la realidad a la que podemos acceder es la suya. Y esto es un problema. Este narrador es tal vez el menos confiable que existe en la historia de la literatura… Bueno, sin dudas es el narrador menos confiable que leí en mi vida.

Su visión del mundo está orientada a justificar su conducta. Solo podemos conocer al personaje que da nombre a la obra a través de sus ojos. Vemos lo que él quiere que veamos: a una niña perturbada, que en más de una ocasión incita la relación inapropiada entre ambos. La vemos manipular a su padrastro para conseguir lo que quiere. Para conseguir estar a solas, salir con niños de su edad, y para conseguir regalos materiales.

El problema con esta visión es que es incorrecta y retorcida. Es incorrecto pensar que una niña puede incitar o consentir una relación sexual con un cuarentón. Ella no puede, ni tiene las herramientas necesarias para darse cuenta del impacto que pueden tener sus acciones. Podemos suponer que buscaba el amor y la contención de un padre —algo que nunca tuvo— sin darse cuenta de que el amor no se consigue con sexo.

Humbert Humbert manipula al lector a sabiendas. No es un negado, sabe que para conseguir la empatía de su interlocutor debe ser una especie de mártir que solo lucha contra esos impulsos inapropiados. Tiene, sin embargo, sus momentos de honestidad en los que cuestiona sus propias motivaciones pasadas. Pequeñas ventanas intencionales en la narración que nos muestran algunos fragmentos de la persona detrás del monstruo.

Esos cambios en su discurso se hacen más evidentes sobre el final de la novela, cuando admite el daño que le hizo a Dolores. Esta confesión posterior al hecho y al final del relato es parte del juego. Es parte de la manipulación constante. No podía admitir desde un principio que sabía que lo que hacía era dañino. Antes, debía mostrar su versión retorcida del amor.

Cada conversación entre ambos, cada mirada de Dolores, cada rabieta, y cada pelea te deja pensando qué sucedió en realidad. La realidad distorsionada por nuestro narrador es tan confusa como fastidiosa. Lo que a nosotros nos confunde es su verdad, su culpa y su pena.

Lolita tiene elementos de tragedia. Humbert se dio cuenta —si elegimos creerle— de que realmente la amaba de una forma convencional cuando ya era demasiado tarde; cuando el daño estaba hecho y ella había logrado rehacer su vida.

Claramente, es producto de su propio accionar, y sus penurias no se comparan con el infierno que hizo vivir a Dolores, para poder tener a su «Lolita» solo para él.

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