Piedra, papel o Kindle

Esta entrada fue importada de pueblovariete.wordpress.com

Hoy en día las polémicas entre lectores ya no se reducen a qué autores son legítimos y qué libros vale la pena leer. Qué bestseller merece su gloria y cuál la alcanzó por marketing y no por contenido. El debate Kindle vs papel es una manifestación más del debate del milenio, sobre la relevancia que ha adquirido la tecnología en nuestras vidas. El antiguo e inagotable hombre vs máquina.

Como todo en la vida, el asunto no es blanco o negro. De ambas partes surgen argumentos bastante interesantes.

Los argumentos a favor del Kindle se aplican a cualquier lector de e-books. Las diferencias operativas son «harina de otro costal». Un Kindle es un compañero maravilloso que entra en cualquier cartera, bolso o hasta bolsillo —bolsillo muy muy grande—. Realmente es un placer cargar con él. Kindle es más compacto, más delgado y mucho más liviano que el libro promedio. Y, aunque soy una amante de los libros, no me avergüenza decir que es más cómodo llevar mi Kindle a todos lados.

kindlevslibro1

La posibilidad de tener miles y miles de libros en uno también es tentadora. Llevar 4 o 5 libros en una valija para viajar es impensable. El espacio y el peso te condicionan. Para los que disfrutamos leer en todos los rincones del país y del mundo, Kindle es un salvador.

Las posibilidades son infinitas, o casi.
En este rinconcito del mundo al menos, los libros son muy costosos y no siempre llegan tan rápido como quisiéramos. Normalmente, están disponibles para comprar online antes de llegar a las librerías  —y a un precio menor—. A veces no importa, pero otras es difícil resistirse al botón comprar.

Todos los que utilizamos un Kindle alguna vez sabemos que la duración de la batería es inmejorable. No se parece a la de ningún aparato electrónico que hayas visto. Estas maravillas duran semanas y semanas con una sola carga. Esto significa que con un mínimo de planificación, quedarte sin batería es virtualmente imposible.

Dato curioso: La tinta electrónica, o mejor dicho e-ink —el sistema que utilizan estos dispositivos—se posiciona en los píxeles de la pantalla según la imagen que debe formarse. Eso es lo que vemos. Este proceso utiliza energía solo cuando se forma una imagen nueva en la pantalla. O sea, cuando cambiamos de página.

Otra ventaja de esta tecnología es el efecto de la pantalla en nuestra visión,  —mejor dicho, el hecho de que no la afecta en lo más mínimo—. Las pantallas tradicionales obligan a nuestros ojos a acostumbrarse todo el tiempo a  diferentes niveles de intensidad y de brillo. Un esfuerzo intenso para el que los músculos de nuestros ojos no están hechos.

Eso, sumado al reflejo de la luz que emite la pantalla hace que leer en tu computadora, tablet o celular sea bastante dañino.

El Kindle no emite luz, no realiza cambios de contraste a los que debamos adaptarnos, y la pantalla opaca evita cualquier tipo de reflejo. Quienes dicen que leer en un Kindle es igual a leer un libro no exageran.

Por otro lado, hay estudios que demuestran que el cerebro retiene más la información cuando leemos en papel que cuando lo hacemos en un dispositivo electrónico.
Aunque también hay estudios que concluyen lo opuesto, hay algo que sale a la luz en muchos experimentos; hay un aspecto que el Kindle no ha podido replicar. Aparentemente, procesamos los textos que leemos como entidades físicas, y reconocemos la lectura como una experiencia que involucra al tacto y al oído tanto como a la vista.

Al leer hacemos una representación mental del texto, en la que el significado está unido a la estructura, como mapas mentales que en formato digital son difíciles de replicar. Tal vez porque no existen las páginas ni los descansos obligados que nos proporcionan.

Además, hay otras cosas que no podemos hacer con un Kindle. No podemos subrayar las partes importantes del texto para luego volver a ellas —podemos citar fragmentos, pero es un sistema difícil de usar con el mismo fin con el que subrayaríamos un libro—.

Tampoco es lo mismo coleccionar archivos en un dispositivo que tener tu propia biblioteca adornando tus paredes. Tu biblioteca dice mucho de vos. Tu colección de Kindle también, pero no luce de la misma forma; o no es tan grato alardear sobre ella.

Prestar libros también pierde la magia. Es más sencillo enviarle un mail a tu amigo con el archivo del libro .mobi que hacerlo del modo tradicional. Pero se pierde ese momento en el que te lo devuelven y te cuentan sus opiniones. Se pierde el debate literario entre amigos. —Nadie devuelve un archivo digital. El archivo digital no se presta. Se pasa—.

¿Y el olor a libro? No hay tecnología que pueda replicarlo. Sin importar cuánto avance. El olor a libro, que ni siquiera puede ser definido, tampoco puede ser recreado.

Ambos medios tienen sus lados positivos y negativos. Y hay tantas posiciones como lectores. El Kindle complementa a nuestros libros de toda la vida, pero no los reemplaza. Simplemente hay que saber que está bien usar ambos y mantener la mente abierta. Pero el mejor consejo que le puedo dar a todos los lectores de antaño es que no rechacen a Kindle antes de darle una oportunidad.

Tal vez te interese...

Dejá una respuesta