Por qué los adultos pueden leer literatura juvenil

No. No lo dice la ciencia, no hay un nuevo estudio de la Universidad de Oxford que lo diga. Pero si pensaste que era así, significa que estabas buscando aprobación. Significa que leés libros de John Green y te sentís avergonzado. Yo, aunque tenga menos autoridad que la ciencia y que la Universidad de Oxford, te digo que no deberías.

Hace unos días leí este artículo. Su premisa es que los adultos debemos avergonzarnos de leer literatura juvenil

No voy a perder el tiempo en transmitir lo que plantea su autora porque considero que está muy errada. Lo «linkeo» simplemente por si alguien quiere conocer el otro lado de la campana.

Como esto se trata de una apología al género y sus lectores, voy a dejar de lado las obras mal escritas o con errores gravísimos de redacción —Twilight, cof cof— porque de esas hay para todas las edades

No está muy claro qué rango de edades abarca lo juvenil hoy en día. En general las historias se centran en la vida de los adolescentes. Así que su fecha de caducidad llegaría cuando el lector cumple los… ¿18?, ¿los 20? ¿O la edad máxima de su público objetivo aumenta cuando la psicología decide que la adolescencia en realidad abarca un período mayor? Es difícil ubicar el momento de nuestras vidas en el que dejamos de ser adolescentes y pasamos a ser jóvenes adultos. O cuando dejamos de lado el jóvenes para ser solo adultos.

En lo personal, he leído varios libros de John Green. Un par de trilogías distópicas, y poca cosa más. No soy una consumidora dedicada de literatura juvenil, y no estoy dentro del público objetivo. Pero la disfruto. Si, recibí educación universitaria en el campo de las letras, he leído los clásicos, he leído a Joyce, a Cortázar, a Dostoyevski y a más escritores asiáticos de los que puedo pronunciar —y escribir. Pero no me avergüenza decir que lloré mientras leía Bajo la misma estrella. Y estas son las razones por las que vos tampoco deberías avergonzarte.

Lenguaje claro

En general, este tipo de títulos están escritos con un lenguaje accesible. Cualquiera puede leerlos. ¿Eso es algo malo? Para nada. La buena literatura es la que transmite de forma clara y efectiva los mensajes y emociones que pretende transmitir. Entonces, ¿por qué hay que mirar mal al autor que elige comunicarse con todos sus lectores, y no sólo con los que pueden descifrar su prosa ostentosa?

No estoy hablando de errores de redacción, personajes mal desarrollados y argumentos que se derrumban. Estoy hablando de lenguaje directo y simple. La simpleza y la inteligencia no son incompatibles, por más que el esnobismo literario nos quiera hacer creer lo contrario.

Perspectiva

Cuando leemos libros como estos luego de la adolescencia, evidentemente tenemos otra perspectiva. Por ejemplo, esta frase de Augustus Waters en Bajo la misma estrella:

Los cigarrillos no te matan si no los enciendes. Y nunca he encendido ninguno. Mira, es una metáfora: te colocas el arma asesina entre los dientes pero no le concedes el poder de matarte

Capaz que a los 12 años una frase como esta me hubiera dejado pensando, y capaz que hubiera traído algo de claridad a mi vida, pero como la leí a los veintipico, lo único que vi fue un pensamiento bastante pretencioso.

En algunos casos eso puede desestimularnos y hacernos abandonar la lectura. Pero a veces son simples características de los personajes que debemos disociar de la obra.

El punto es que no importa qué leamos, sino cómo lo leemos. A veces un texto puede parecer simple cuando en realidad es rico y tiene más de un sentido. Hay tantas versiones de la obra como lectores. Y ninguna es mejor que otra, cada experiencia de lectura tiene un significado distinto. Los libros deben abrirnos la mente. En realidad no importa qué tipo de historia elegimos, importa cómo nos afecta.

Profunda nostalgia

Muchas de estos libros tratan algunas de las cuestiones más filosóficas; la muerte, la amistad, la discriminación, el amor, etc. El adolescente vive inmerso en una vorágine de pensamientos y emociones. Cambios constantes, dudas existenciales y una perspectiva del mundo que, una vez que crecemos, solo podemos recordar.

Es interesante ponernos por un ratito en la piel de nuestro yo más joven. Usar ojos nuevos para cuestiones eternas, sentir nostalgia, y perdernos por un rato en un mundo que ya no es el nuestro.

La vergüenza nos limita

Lo principal es no sentir vergüenza por leer lo que queremos leer. Todos los que de alguna forma estamos vinculados al mundo del libro queremos que las letras y las historias prosperen. Y fomentar la vergüenza en el lector no es la forma de conseguirlo.

Hay demasiada vergüenza en el mundo. Dejemos de sentir vergüenza por cosas innecesarias.
Dejemos de pensar que hay una edad, un momento y un lugar para cada libro.

Después de todo, hay reality shows para quienes quieren mirarlos y escapar un rato de su realidad, hay comedias románticas, hay películas de humor. Hay miles de formas sanas de escapar. Algunos adultos elegimos los libros infantiles y juveniles.

¿Está mal? No, está perfecto. Y no dejes que nadie te diga lo contrario

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