Por último el corazón, de Margaret Atwood

Por último el corazón, Margaret Atwood

Título original: The Heart Goes Last
ISBN: 978-84-9838-761-2
Número de páginas: 416
Tipo de edición: rústica con solapas
Sello editorial: Salamandra
Colección: Narrativa

El proyecto Positrón y la idílica ciudad de Consiliecencia (concesión + resiliencia) fueron diseñados para paliar las consecuencias de una grave crisis económica. Stan y Charmaine, víctimas de esa crisis, encuentran en este proyecto social lo que creen que es la única solución.

En Consiliecencia, a cambio de una vida plena y empleo seguro, los habitantes pasan treinta días en la cárcel de Positrón. Allí trabajan para abastecer a la ciudad. Mientras, otras personas viven en sus hogares, para luego ingresar a la cárcel treinta días después; cuando ellos salgan. Un modo de vida que promete el máximo aprovechamiento de los recursos y la felicidad de todos los ciudadanos.

Una vez que ingresan a Consiliecencia es imposible salir. Pero, ¿Quién querría hacerlo? Lo que hay detrás de los altos muros de la ciudad es infinitamente peor que cualquier cosa que pueda suceder allí, ¿verdad?

El idilio dura un tiempo. Stan y Charmaine aprenden en seguida que las utopías tienen su costado indeseable. Descubren más de lo que hubieran querido el uno del otro, y aprenden que no hay realidades perfectas, porque nada es lo que parece.

La historia de Charmaine y Stan al principio de la novela es conocida por todos. Es fácil empatizar con ellos. ¿Quién no empatizaría con una pareja de enamorados que pasan por el peor momento de sus vidas? Viven en su auto; apenas les alcanza el dinero para vivir y están constantemente amenazados por el cruel mundo que dejó la crisis. Son dos personas que lo perdieron todo. Representan uno de los mayores miedos del ser humano moderno.

Atwood creó un mundo fuera de este mundo, pero con la humanidad suficiente como para hacerlo creíble.

El manejo del lenguaje es exquisito. Podríamos reconocer de quién es la perspectiva que nos narra aún si no nos dijera de quién se trata. Siempre narra en tercera persona, y aún así, las distintas personalidades se traslucen en cada frase. Es casi como si se metiera su piel de cada personaje al hablar de ellos. Como si la narración optimista y luminosa perteneciera a Charmaine y el tono ácido y un poco preocupante a Stan. Aunque hablen de lo mismo; cada capítulo tiene un registro totalmente diferente, y eso es lo que hace que leer Por último el corazón sea tan placentero. Es algo que a veces damos por sentado, pero lamentablemente no todos los escritores lo logran.

Este futuro que espero que no llegue nunca está lleno de violencia. En el mundo de Positrón, se dicen frases como «No le importaría enterarse de que Phil está zurrando a Charmaine […] alguien tiene que hacerlo», y no pasa nada. En ese mundo, las personas anónimas son descartables. Con los recursos suficientes es posible someter a cualquier ser a la voluntad de otro. Las personas mienten para conseguir que se haga su voluntad sin importar el costo. Sin importar cuántas vidas se arruinen en el camino.

Ese futuro, en muchos sentidos es igual al presente, y esa es quizá la parte más dolorosa. Aunque hoy por hoy no exista la tecnología suficiente para borrar memorias, todo lo demás ocurre día a día. Los mundos de Marwaret Atwood tienen eso; son preocupantes, perturbadores y, por sobre todas las cosas, plausibles. Y esa es la peor/mejor parte. Mundo malo/narración buena.

 

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