Cortito y al pie: Rebelión en la granja – George Orwell

Título: Rebelión en la granja
Autor: George Orwell
Editorial: Debolsillo
Número de páginas: 144
Año de publicación: 2013

Rebelion-granja-orwell

Es la segunda vez que hablo sobre un libro de Jorgito Orwell, —y el tercero que leo—. Así que si querés leer algo más sobre esa forma tan particular de narrar el mundo, este es el lugar. Las cuestiones de este libro y de ese tienen muchísimos puntos de contacto entre sí.

Releí Rebelión en la granja hace relativamente pocotiempo, y no puedo decir que haya cambiado por completo mi perspectiva. Tampoco creo que haya comprendido cosas sobre el texto que antes no comprendiera. Es de esos que me satisface leer nuevamente solo porque es un buen libro. La alegoría es muy clara. No es necesario un análisis exhaustivo para ver los paralelismos que Orwell pretendió mostrarnos. El camino que marca la historia, y la historia que la inspiró son tan transparentes que se leen en simultáneo sin necesidad de detenerse a analizarla.

Los animales de la granja solariega escucharon por primera vez la palabra revolución cuando el cerdo Comandante los convocó y les relató un sueño que tuvo sobre la libertad y la hermandad entre los animales. Su sueño sobre un mundo en el que los animales eran independientes de la esclavitud a la que los someten los seres humanos.  Así, alentó al resto de los animales de la granja para que lucharan por ese ideal y se rebelaran contra sus opresores.

Cuando murió Comandante, tres cerdos más jóvenes —Napoleón, Bola de Nieve y Chillón— comenzaron a gestar una filosofía basada en los principios del viejo revolucionario. Así nació el Animalismo; la solución a todos los problemas generados por los seres humanos.

Todo lo que camina sobre dos pies es un enemigo
Todo lo que camina sobre cuatro patas, o tenga alas, es un amigo
Ningún animal usará ropa
Ningún animal dormirá en una cama
Ningún animal beberá alcohol
Ningún animal matará a otro animal
Todos los animales son iguales

Los animales de la granja, conscientes de su propósito y unidos contra el enemigo común, planearon y ejecutaron su revolución. Durante su primera batalla echaron a los humanos de la granja, que pasó a llamarse Granja animal. Un experimento de autogestión cooperativa y sustentable en el que todos los animales trabajarían para lograr su propio bienestar.

Los cerdos eran los que gobernaban la granja. En teoría eran los animales más inteligentes, pero pronto demostraron que no eran inmunes a la corrupción que acarrea el poder de gobernar. Así, la Granja animal se convirtió en el escenario del nacimiento de un nuevo poder totalitario. Tal como aquel que habían derrocado.

Los personajes son, en su mayoría una representación clara de personajes o ideologías reales. Los cerdos, por ejemplo, representan a las grandes figuras del comunismo ruso.

Comandante, el sabio impulsor e ideólogo de la revolución animalista está inspirado en Marx, el padre del comunismo, y en Lenin, que fue el líder de la revolución rusa.

Napoleón es Stalin. El «verraco de aspecto bastante feroz, el único de raza berkshire en la granja, parco pero con fama de salirse siempre con la suya» es el líder que se vuelve dictador —¿o el dictador que se disfraza de líder?—.

La otra cara del poder es la de Bola de Nieve, que gobierna junto a Napoleón en un primer momento. Está basado en la figura de Trotsky, y este es uno de los paralelismos más marcados en la novela. Desde su exilio obligado, hasta la forma en que Napoleón se apropió de sus ideas y le atribuyó a él todos los males en el micromundo de la Granja animal.

Uno de los personajes más simpáticos es quizá el caballo Boxeador. La fuerza trabajadora que por más que lo intenta no logra alfabetizarse y cree ciegamente en todo lo que dice Napoleón —de hecho, «Napoleón siempre tiene la razón» es una de sus máximas.

Hay varios temas universales en la obra que no se pueden dejar escapar. La evolución de los cerdos, que pronto comenzaron a encabezar una dictadura cruel e intransigente no es una evolución que solo se le pueda achacar al régimen comunista. De hecho, si identificamos a cada personaje de Orwell con un personaje o grupo real de otro momento histórico, la narrativa se adapta casi perfectamente —una constante en el universo Orwelliano—.

Es impactante la forma en la que Chillón —el tercer cerdito, aliado de Napoleón— usaba sus habilidades propagandísticas para convencer a los habitantes de la granja de que las decisiones de Napoleón eran las más acertadas.

«Un brillante conversador que cuando defendía alguna idea difícil saltaba a un lado y a otro sacudiendo la cola de una manera muy persuasiva. Los demás decían que Chillón era capaz de convertir lo blanco en negro».

Cada vez que un animal se animaba a expresar algo similar a una duda sobre las intenciones de su gobernante, este poderoso instrumento gubernamental lo hacía cambiar de opinión. Estaba presente en todos lados, a toda hora. O al menos eso parecía. La prensa siempre fue un aliado importantísimo de los gobiernos totalitarios.

Más allá de las entretenidas comparaciones con la realidad, con el pasado y con el presente, lo más fascinante de un libro como este es esa falsa puerta abierta hacia la verdadera revolución animal. Hacia la verdadera libertad. ¿Qué hubiera pasado si Bola de Nieve no hubiera sido eliminado? ¿Hubiera sido un líder real? ¿O se hubieran corroído sus ideales hasta convertirlo en un dictador desalmado?

Por supuesto, me inclino a pensar que la naturaleza del poder no reconoce ideologías ni hay voluntades tan fuertes como para evitar sus efectos por completo. En definitiva, la corrupción siempre ha existido y probablemente siempre existirá, pero qué lindo que es fantasear sobre las alternativas.

Puntuación:
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