Ve y pon un centinela – Harper Lee

Hace mucho años, Atticus Finch le enseñó a Jem y a Scout a ponerse en el lugar de los otros y empatizar con ellos. Se suponía que debían entender a personas como Tom Robinson y Boo Radley. Los outsiders, los que no encajan. En el universo de centinela, le pide a Scout —y a nosotros, los lectores— que empaticemos con el hombre en el que se convirtió.

Ve y pon un centinela se publicó en el año 2015 aunque en realidad se trata de la primera novela escrita por Harper Lee en el año 1950. Su editor en aquel momento le pidió que se centrara en la niñez de la protagonista. Entonces, —reescritura mediante— los flashbacks se convirtieron en una pequeña novela narrada en primera persona llamada Matar un ruiseñor. Evidentemente, ese editor se merece todos los premios del mundo.

Esta secuela/precuela se diferencia principalmente por la figura de Atticus. Ese padre benevolente, ese abogado que hablaba de conceptos como el de justicia con una pasión contagiosa años después se convirtió en un racista más, en un hombre que asiste a reuniones de la KKK y que le pregunta a su hija cosas como: “¿Quieres que los negros vayan a nuestras escuelas? ¿Que estén en nuestro mundo?”

Es difícil de creer que el mismo personaje haya sido capaz de defender, veinte años antes,  a un hombre negro acusado injustamente de violar a una mujer blanca. Que haya desafiado la moral de la época, al argumentar que “todos los hombres son creados igual”.

Además de cambiar por completo la concepción que teníamos de Atticus Finch, Ve y por un centinela cambió por completo la imagen que teníamos de Maycomb, Alabama. Parece que veinte años después, cuando la lucha por los derechos civiles alcanza su punto máximo el pequeño poblado ha retrocedido en el tiempo.

La novela se alimenta de la alienación y el desprecio que siente Jean Louise por ese lugar y todo lo que representa: la discriminación racial y los prejuicios de clase.

Hay dos progresiones a tener en cuenta al pensar en esta dos obras. Una es esa evolución de los personajes de Ruiseñor a Centinela, y la otra es la evolución de Centinela como novela que devino en Ruiseñor.

¿Cómo fue que una obra sobre el descubrimiento desgarrador de Jean Louise sobre la ideología de su padre se convirtió en un clásico universal sobre la pérdida de la inocencia?

Tal vez de la misma forma en la que pasa en la vida real. Los personajes evolucionan, y el cambio no siempre es bueno. Lo que encuentra Jean Louise cuando vuelve a casa es un reflejo de lo que nos pasa a cualquiera de nosotros cuando nos reencontramos con personajes significativos de nuestro pasado. Cuando ya pasó el tiempo y la cercanía ya no nos hace cerrar los ojos a los defectos.

La historia de Ruiseñor es contada en primera persona por una niña. La de Centinela es la historia de esa niña que creció y se alejó de su entorno. Es una mirada más objetiva sobre las misma personas. Las mismas señales que seguramente Scout ignoró veinte años antes, ahora se convirtieron en enormes carteles luminosos que le indican que el mundo —y su mundo— se sigue resistiendo a cambiar.

Lo cierto es que más allá de cualquier análisis, más allá de la decepción que podamos sentir porque las cosas en Maycomb no funcionaron como hubiéramos querido, hay que juzgar Ve y pon un centinela por sí misma, y no por lo que esperábamos de ella. ¿La verdad? Se quedó corta. Le faltó liricismo. Le faltó magia. Le faltó esa fuerza que hace que no podamos soltar el libro que estamos leyendo. Por eso es tan difícil juzgarla por sí misma sin pensar en Ruiseñor.

 

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